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Jardines

Foto del escritor: Ana Paola
Ana Paola
25 may 2021
2 min de lectura

Actualizado: 30 may 2022

Duele más matar ideas que recuerdos. El futuro es una gota constante de esperanza mientras que el pasado técnicamente ya no se puede cambiar, es una estatua. De todos modos, duele más secar por completo esa gota de esperanza, cuando debajo había crecido un inmenso jardín con flores de todo lo que te imaginabas que podría haber sucedido si tan solo…

Si tan solo hubiéramos tenido otras circunstancias de vida, si tan solo me hubiera dado cuenta de lo que tenía frente a mí, si no hubiera dicho esas palabras y tú no te hubieras retractado de esas otras… Si el tiempo hubiera estado de nuestro lado, o si ésta o aquellas personas no hubieran estado involucradas… entonces tal vez este jardín de flores podría realmente permanecer.

Pero el tiempo es imparcial e imparable y no podemos echarle la culpa. Y lo que alimentamos con la imaginación no se vuelve realidad sólo por quererlo con todo el corazón, con fe confianza y polvo de hadas, con la ayuda del tiempo y de Campanita. No es magia. La vida es una red de situaciones y personas, que se conectan en algunos puntos y se separan en otros. Es confusa y a veces resulta inexplicable dentro de su confusión. Aunque realmente no venimos a entenderla, sino a vivirla.

Me gustaría decir que me arrepiento, pero después de todo ahora soy consciente de que así es como habría terminado todo de una u otra forma. ¿destino, suerte o nuestra propia voluntad? Cualquiera de las tres y todas a la vez ocasionarían esta ruptura en todo escenario posible, es inútil pensar que no. Es inútil pensar en el jardín que creció con la gota de esperanza, porque por más bello que sea, no existe. Nunca existió y jamás debió existir. La esperanza no es una gota de agua, sino de cristal y es necesario romperla para ver lo que realmente hay detrás: un gran mundo real con posibilidades reales y futuros reales que no cabrían en nuestra pequeña gota de falsas esperanzas. Lo único que podemos hacer es continuar viviendo, hoy, ahora. Con nosotros mismos y con el vacío y la sequía que quedan al romperse la esperanza y revelarse la pérdida desértica y aparentemente infinita ante nosotros. No nos queda más que seguir avanzando e ir creando todos los días un oasis de verdad, con personas de verdad y todo lo que ya tenemos a nuestro alrededor.

La vida a través de una gota de esperanza ingenua no es nada comparada con las posibilidades que nos esperan, si nos dedicamos a disfrutarnos a nosotros mismos: desierto, bosque, oasis o dondequiera que creamos encontrarnos en la vida. Está en nosotros empezar a sembrar jardines de realidad.


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